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Villa Mercedes

Villa Mercedes: Cansado de esperar ayuda un hombre con Covid caminó hasta un hospital y murió en la puerta

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Ariel Ávila tenía 43 años y ninguna enfermedad de base. Se había contagiado de coronavirus y a pesar de que le costaba respirar le dijeron que se quedara en su casa. Al noveno día de cursada la enfermedad empezó a faltarle el aire y llamó al teléfono de urgencias del hospital, pero nunca lo atendieron. Cargado en el hombro de su mujer, el hombre intentó como pudo llegar a pie, pero no lo logró: murió en la puerta del centro médico.

“Lo dejaron morir como un perro de la calle. Lo abandonaron y nadie se quiso hacer cargo de su salud”, la frase la repiten todos los que acompañaron a Ariel en sus últimos días. Familiares y vecinos de Villa Mercedes, San Luis, no pueden entender lo que pasó.

Ávila vivía en el Barrio Jardín del Sur, a 90 kilómetros de la capital puntana. Estaba aislado en su casa hacía una semana recuperándose de un virus que lo agarró por sorpresa el lunes 10 de mayo cuando, como todos los días, ingresaba al cuartel de la V Brigada Aérea, donde formaba parte de la banda musical

El dolor de cabeza y el cansancio corporal fueron los primeros síntomas. Preocupado, Ariel decidió ni siquiera tener contacto con sus compañeros y rápido se fue hisopar. El resultado, dos días más tarde, confirmó la sospecha: tenía coronavirus.

El mismo miércoles de la noticia de su enfermedad, Ávila empezó a demostrar dificultad para respirar. Fue su cuñado quien le recomendó ir al Hospital Suárez Rocha y lo acompañó personalmente para que lo atendieran.

Allí lo revisaron, le tomaron la fiebre (tenía 39°) y le recetaron un paf -como el que utilizan los asmáticos- y paracetamol. En media hora Ariel ya estaba de vuelta en su domicilio: “No le hicieron una radiografía y le dijeron que use el paf, pero no era asmático ni nunca tuvo dificultades para respirar”, cuentan en su entorno.

El resto de los días Ariel pareció mostrar una mejoría. Mientras tanto desde la Fuerza Aérea sólo recibía llamados para saber cómo estaba, sin ningún tipo de asistencia.

El martes 18 de mayo Ávila merendó con sus hijos, dos adolescentes, una de 17 años y el varón de 16. Luego entró a ducharse, pero cuando salió de allí la falta de aire se hizo notoria. Tenía que abrir la boca hasta forzar la mandíbula para que ingrese un poco de oxígeno.

Liliana, su mujer, empezó a llamar al 107, el número del pedido de urgencias sanitaria. Lo hizo una, dos y tres veces. Nunca la atendieron.

Desesperada aprovechó las dos cuadras que los separan del hospital y junto a su hijo lo cargaron al hombro y salieron. Ya habían hecho los 200 metros, pero Ariel casi que arrastraba las piernas. Fue en la puerta del hospital que su corazón se detuvo y cayó desplomado al piso.

Los gritos de auxilio parecieron despertar a los médicos que salieron corriendo desde el nosocomio. Fueron dos mujeres las que intentaron la reanimación, pero no hubo caso.

Ariel no reaccionó. Mientras tanto la ambulancia del lugar quedó allí estacionada en la puerta del hospital, como testigo de una muerte injusta.

Lo que siguió fue el shock y la bronca. Más tarde llegaron los llamados por parte de la Brigada con sus mensajes de pésame. Ariel había pasado 20 años de su vida en ese cuartel donde tocaba el saxofón en la banda militar, ese instrumento que para hacer sonar sus melodías necesita la fuerza de sus pulmones, esos que el coronavirus y la falta de atención médica se encargaron apagar.

Ariel era un padre orgulloso, lo demostraba en las redes sociales donde brotaba de amor por sus hijos. La nena heredó la pasión por la música, toca el violín y el piano. Es la segunda escolta de la bandera argentina en su colegio. El nene también quiere ser militar, pero para cumplir su sueño de trabajar en las bases antárticas.

A cuatro días de la muerte insólita de Ariel nadie del gobierno provincial se puso en contacto con la familia. En los próximos se iniciará una investigación judicial para conocer los detalles de lo que pasó.

 

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